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Némesis

Una de las mayores fantasías del ego, si no la mayor, es la destrucción de la inocencia. En la autoflagelación y el autocastigo halla el precio justo por su indecencia. Una satisfacción inmediata que no sacia. Una droga que enajena y no arregla. El dolor lo sigue atormentando y él su pozo sigue cavando.

Busca redención a través de la muerte. Él, que ahora se siente tan indigno, ve a su enemigo en el inocente. Le repugna, lo aborrece. Lo que era simple se complica y el engaño se multiplica.

Crédulos y asustadizos lo llaman el demonio, pero es solo el ciego y su ceguera. Son dolorosos y absurdos palos de ciego. Ojos vendados intentando hallar una salida a varazos. ¡Cuán perdidos y cuán lejos del camino!

Yo, que intento recuperar la llave de una puerta que no existe, de una puerta que está siempre abierta…

¡Que no pierda mi tiempo obstaculizando al hermano más cercano!
¡Que mi tiempo sea para el más alejado!
¡Que no juegue con una meta, con el truco del tiempo y su treta!
¡Que el Amor sea mi barco, mi capitán y mi timón!
¡Que no castigue la inocencia!