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Libre que te quiero libre

No tienes por qué responder como crees que deberías hacerlo o como crees que les cuadraría a los demás, solo por ser fiel a la imagen de ti mismo que has decidido mostrar durante tanto tiempo. ¡Al diablo con las cadenas!

Dedicas parte de tu tiempo a dibujar márgenes en tu cabeza sobre lo que deberías ser tú y lo que deberían ser todo y todos. Acostumbrado a pintar un mundo limitado, de colores apagados que apenas inspiran nada.

Alégrate cuando te sorprenden o te responden algo que no cabría esperar. Cuando te demuestran que lo preconcebido es erróneo. Cuando lo que está vivo demuestra estarlo. Cuando se salen del margen porque un latigazo les recorre la espalda y son ellos mismos por un instante. Cuando se olvidan de la máscara y simplemente son.

El mundo rueda casi siempre igual, de forma predeterminada, con aburrida pesadumbre, sin dejar margen para lo nuevo y lo espontáneo. Puedes seguir en su rueda. Puedes seguir siendo un muermo, un insípido, un disco rayado, una repetición de una misma cosa en bucle. En definitiva, una reacción predefinida.

O puedes ser lo que nadie espera, lo que no participa de la locura, de los absurdos, del odio o de conflictos tan insustanciales como esta efímera experiencia de vida. Puedes ser diferente de aquel que señala continuamente un pasado tan muerto como el medievo en plena revolución de la IA.

Puedes seguir aferrado a imágenes que hace mucho tiempo desaparecieron y que hoy día ya no tienen relevancia, o puedes abrirte a lo que te brinda tu libertad presente.

¿Qué podría suceder si fueras tú mismo? ¿Que te den la espalda? ¿Que, al verte libre, vean su propia jaula? ¿Que se den cuenta de que les está faltando el aire?

Si no puedes ser natural, te conviertes en una tediosa marioneta movida por los hilos de tus condicionamientos para encajar en un mundo roto, desmenuzado y carente de propósito y significado.

La libertad significa que, en muchos casos, el otro no podrá anticipar tus respuestas, porque en ti siempre habrá margen para lo nuevo y lo inesperado. Y puede que lo teman, no porque eso tenga que ser dañino, sino porque quizá no estén preparados para cosas que trascienden los límites a los que siempre han estado acostumbrados.