Se establece cuando alguien da algo y el otro lo acepta, es capaz de reconocer el valor de lo recibido y lo agradece. El que recibió y agradeció tuvo que haber dejado de ser un cínico por un rato. Ha permitido que un puente conectase con su mente.
Lo que ha recibido, en realidad, no importa lo más mínimo. Lo importante es el vínculo establecido, ya que, cuando existe ese vínculo, el cinismo desaparece.
Una relación cínica es aquella en la que no hay verdadera unión, verdadera aceptación del otro ni un deseo genuino de su felicidad. Es una relación en la que la mente, en vez de estar enfocada en dar, lo está en arrebatar, en poseer.
La vinculación real establece las condiciones del reino porque es una reconciliación total con lo «externo» a través de un vínculo interno: el vínculo real, el vínculo dorado, el vínculo excelso.
Afirmo categóricamente que el reino podría estar en una sola tarde de absoluta y cruda honestidad, porque aquí vinimos a mentirnos y a creernos nuestras mentiras y, por lo tanto, lo único que puede liberarnos es la Verdad.
Son muchas las mentiras que nos contamos continuamente. Son muchas las cosas que buscamos que solo sirven para hacernos daño, y lo que no buscamos y podría liberarnos nos parece, a priori, insignificante. Es un mundo bocabajo al que deberíamos darle la vuelta completamente.
Si no eres feliz, es porque ninguna de tus relaciones es real, porque ninguna de tus relaciones está libre de miedo y no puedes ser completamente tú mismo. Tienes un miedo atroz a ser real porque ves el filo de la muerte presionando tu garganta.
¡Y una sola basta! Con una sola relación real, el Hijo de Dios ha sido perdonado.
Esto es lo único que requiere el reino, y por eso se dice que entran de dos en dos. ¿Y qué es el Cielo sino Amor absoluto e incondicional?
Tu salvador no es alguien en concreto, sino cualquiera que consiga atravesar todas las puertas que llevan a tu verdadero Yo. Y, si llega, es porque tú lo has permitido. Lo has desenvuelto completamente. Lo has mostrado completamente. Has perdonado al Hijo de Dios, te has perdonado, has perdonado a tu propia falsa creación.
Y, una vez que has perdonado y estás a las puertas del reino, Dios abraza lo verdadero en ti, y lo falso se desvanece. Lo que permanece es tan perfecto y eterno como el propio reino. No es nada nuevo, solo lo que ya eras y confundiste con un absurdo sueño.
Nada se te quita; no existe la pérdida en una infinita Creación eterna. El reino ríe a carcajadas ante la idea de cualquier pérdida.
Perdonar o vincularse verdaderamente es una de las llaves para regresar a lo que siempre ha sido Uno.