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La pobreza y la servidumbre

Uno podría preguntarse por qué el mundo es siempre desigual o por qué se asemeja siempre a una balanza desequilibrada. O podría preguntarse por qué la pobreza no se erradica, teniendo el mundo capacidad y abundancia de sobra para suplir las necesidades básicas de todos sus invitados.

Y la respuesta podría encontrarse en la servidumbre. Para que alguien te sirva o quiera servirte debe ser relativamente más pobre que tú: debe desear algo que tú posees y de lo que él carece. Esta relación no tiene por qué ser exclusivamente económica, aunque en muchos casos lo sea.

La pobreza, entonces, puede volverse algo deseable para quien ocupa el otro extremo de la relación, ya que es la manera en que el mundo se doblega ante él y ante sus intereses o deseos personales. Es la manera en que el mundo se vuelve su siervo.

No es, por tanto, únicamente un problema de capacidad ni algo que el raciocinio y el sentido común puedan resolver por sí solos. Es también un problema de voluntad.

La esclavitud sigue vigente hoy en día, aunque haya ido cambiando de forma para refinarse y ocultarse hasta resultar mayormente aceptable. Porque de eso se trata: de que sea aceptable para la gran mayoría.

Hoy en día, quien quiere ser «libre» busca desesperadamente la libertad financiera porque, tal y como está organizado el mundo, representa una forma de pasar del lado de la servidumbre al lado de quien puede servirse de ella. El lado privilegiado es, a su vez, el que tiene mayor capacidad para dictar las normas, manipularlas o retorcerlas en favor de sus intereses. De esta manera, un sistema puede terminar preservando la misma desigualdad de la que se alimenta.

La servidumbre como tal implica hacer algo en contra de tu voluntad para sobrevivir u obtener algo de lo que careces. Quien es capaz de servir a los intereses de su propia voluntad, aquellos que no le causan fricción, no es un siervo como tal, porque está haciendo lo que realmente desea.

El individuo que busca una libertad real debería preguntarse en qué áreas de su vida está esclavizando a otros, ya que esa es una forma de volverse consciente de lo que realmente implica la esclavitud. Y, habiéndola visto en sí mismo y habiéndola rechazado en sí mismo, podría estar en disposición de no permitirla por parte de otros.

Al final, siempre hay que volver a la pregunta de qué estás deseando y por qué, ya que detrás de todo deseo puede encontrarse la enfermedad o tu libertad.