Hablando del pozo… Estos son dos que están en un pozo y uno le dice al otro:
—No intentes escalar porque yo lo intenté antes y es imposible. Hazte un favor y ahórrate la energía y el tiempo.
El que intenta desanimar al otro nunca puso todo su corazón en ello. Solo hizo un leve intento. Solo probó lo fácil y se rindió en cuanto llegó el primer resbalón.
El segundo termina por no escucharlo y lo intenta una y otra vez, hasta que sus manos se hacen a la pared y consigue escapar. Desde fuera le tira una cuerda, y la historia tiene dos finales.
En uno, el primero reconoce su error, agradece la ayuda, agarra la cuerda y, al salir, celebran juntos su libertad.
En el segundo, rechaza la ayuda porque es incapaz de admitir su error. Para cuando logra comprender cómo salir, la vida se le ha pasado y se da cuenta de que él era quien realmente había perdido el tiempo.
En ese segundo final le negó dos veces: la primera, cuando le dijo que no podía escapar; la segunda, cuando no quiso aceptar el regalo de la libertad.
Cuando uno niega a alguien, está negando sus sueños, sus capacidades, sus dones, su voluntad, su potencial y su fuerza latente. Tira por los suelos sus metas, sus sueños y sus deseos de avanzar.
¿Por qué negarlo? Porque tienes miedo de que logre algo que tú no te atreviste a intentar con todo tu Ser.
Si alguien me preguntara, le diría:
—Si realmente crees que eso te hará feliz, entonces dale con todo. Y, si no te hace feliz, es porque tenías que darte cuenta de que no era ahí, de que no era eso lo que realmente buscabas.
¿Quién soy yo para truncar su camino o para interponerme entre él y sus sueños?