Un viaje dentro de un viaje. Voy conduciendo y, de repente, me llega la herrumbre a queroseno del coche de enfrente. Salto a una terminal. Estoy observando relajadamente, a través de la cristalera, cómo preparan el avión.
Vuelvo a saltar. Estoy subiendo las escaleras que me llevan a lo desconocido, a la sorpresa, a la ilusión, al regalo a la espera del tirón.
Otro. Este es mezcla de cerrado y tabaco. Me lleva a una persona, a una habitación. Una fotografía sin caras. Su compañía. Unas risas y conversaciones vagas como el rumor de las olas.
¿Cuál es el idioma de las olas? Su tambaleo, su vaivén, la cuna que mece con ternura.
Un momento antaño que sigue presente en mi memoria, invariable como una fotografía. Ya no hay imagen, pero su esencia sigue intacta.
Ese amigo que me transporta a la esencia.
Un recordatorio de lo querido.