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Los símbolos

En un mundo cuya mayor fantasía es el sometimiento, se usan símbolos de todo tipo para infundir miedo en la mente y doblegar a los débiles. Hay que ser crédulo para pensar que un símbolo inánime puede tener algún tipo de poder. Que algo que, de partida, está muerto pueda afectar a la vida en absoluto.

Lo único que puede afectarte son tus miedos y tus propias creencias. Y sí, hay muchos cuyo pasatiempo es infundir miedo, porque ese miedo les permite controlarte y subyugarte.

El miedo solo tiene poder sobre ti si decides que lo tenga. El que es capaz de mirar al miedo de frente y no titubear lo termina anulando, y lo logra porque, de partida, nunca fue real. Los que usan símbolos para intimidar juegan a infundir temor en sus propias mentes y en las de otros. Juegan a la esclavitud de la mente.

Ellos mismos se hunden en su propio miedo y finalmente piden ser salvados de él. Quieren subir a una cima ilusoria y se hunden en un pozo igual de ilusorio. Parecen muy inteligentes, pero son los títeres de los juegos depravados del ego y de su implacable determinismo.

Quieren huir del sufrimiento de la vida y de su vacío, y cavan pozos mucho más hondos. Intentan que alguien los vea porque ellos no se ven a sí mismos. Miran al espejo y no ven reflejo alguno. O, si lo ven, lo que observan son los miedos que han ido cultivando en su propia mente, y terminan huyendo despavoridos de sí mismos.

¿Adónde pretenden ir huyendo de sí mismos? Esa es la cara de la locura, la cara del enfermo. Pero, si tú, que aún puedes elegir, les das alas, entonces estás más loco que ellos.

No temas lo que nunca ha sido nada. No le des alas al miedo.