Cuenta la historia que, en una noche muy oscura, comenzó a caer un conjunto de estrellas. Caían en paralelo, intercalándose y danzando las unas con las otras.
Esas estrellas estaban tan unidas que, cada vez que una de ellas aceleraba, el resto la acompañaba, pues todas eran un imán las unas para las otras.
A veces era una; a veces, otra. El baile continuaba y sus impulsos aumentaban. Cuanto más rápido bailaban, antes aterrizaban.
¿Cómo podía la estrella Casiopea no darse cuenta de aquello, si bailaba y bailaba como el resto?