La mente cambia, o deja de ser la misma, cada vez que se da cuenta de algo. Darse cuenta equivale a completar un aprendizaje. Es sorpresa y sonrisa a la vez. Es como ir encendiendo antorchas que estaban apagadas y erradicar así toda oscuridad o falta de claridad en ella.
Las formas de darse cuenta, o los medios a través de los cuales el alumno puede hacerlo, son muy diversos. El Espíritu en ti, o el Maestro en ti, conoce las herramientas necesarias para que tú mismo puedas darte cuenta y desenredar los nudos que tu ego ha forjado.
Es la mente búdica desvinculándose de todas las formas de sufrimiento. Es cortar, uno a uno, todos los cables de tu autoinmolación. Es abrir la hilera de puertas de la prisión en la que te encuentras. Es desmontar, una a una, todas las creencias autolimitantes.
Es un camino largo, pero necesario para el aspecto más materialista de la mente.
El camino corto es el del corazón.