En el instante en el que existe la más mínima competición interna, el objetivo se pierde de vista. El proceso se diluye, pierde eficacia y certidumbre. Su propósito se desmorona en la escalada del éxito individual.
Una fiesta con un solo integrante. Una cumbre que se alcanza haciendo tinto por el camino. Ríos de vino se desperdician. Un solo integrante con una copa vacía. El que juega con la piedra en el zapato. Una empresa destinada al fracaso.
Falta de amor. Falta de unión.
Donde el propósito común se pierde, también lo hace el amor.
Una familia destinada al fracaso. Un país destinado al fracaso.
Muchos llorando solos por nunca haberse dado la mano.