Había una parte de la enseñanza que era incomprensible para mí. No entendía cómo se podía compaginar la negación del sueño sin volverse un completo cínico, un completo payaso. Había una pieza que faltaba y no sabía que me la daría el propio camino.
Cuando uno decide emprenderlo, cuenta solo con un poco de fe y una promesa. Es como seguir un mapa del tesoro sin saber siquiera si el lugar marcado con la X existe.
A medida que ese camino se despliega y el perdón se va consumando —lo que significa que estás ejerciendo tu voluntad de percibir el mundo de otra manera—, el corazón empieza a abrirse poco a poco. El cínico se va alejando a la vez que se lloran las lágrimas del mundo.
Se convierte en el puente que conecta el sueño de sufrimiento con el Cielo.
En el lugar donde convergen la oscuridad del sueño y la luz del Cielo, su dolor se transmuta. Es el lugar que acorta la distancia entre el Cielo y la tierra. Desde ahí puedes tender la mano porque puedes comprender al otro. Desde ahí puedes verte reflejado en él, permitiendo que desaparezcan las barreras que os separaban. Desde ahí puedes ofrecer luz y alternativas a la mente perturbada y enjaulada en sí misma y en su propia miseria.
Tienes los pies en el fango a la vez que recibes los regalos del Cielo. Regalos que das libremente. Sientes tus pies hundidos en el fango. Si no, ¿de qué otra manera podrías comprender? ¿Y, sin comprender, cómo podrías ayudar?
El corazón se cierra como protección cuando es incapaz de sobrellevar la falta de amor percibida. Y la persona con el corazón cerrado muere en vida: se vuelve incapaz de sentir, de amar.
Se vuelve incapaz de percibir la luz y la belleza de todas las cosas. Se vuelve incapaz de ver el tiempo detenerse en la absoluta paz que otorga la ausencia de conflicto. Se seca y se marchita lentamente.
El camino abre tu corazón porque estás dispuesto a asumir el dolor y perdonarlo. Lo abre porque eres capaz de perdonar. Con ello te vuelves receptivo y empiezas a apreciar cosas que antes pasaban desapercibidas porque, ante tus ojos, carecían de valor.
El cínico termina marchándose y solo queda el Amor.
Solo queda aquello que siempre fuiste, pero decidiste olvidar.