¿Quiénes son los que triunfan en esta vida? Los que tiran del carro a pesar del miedo. ¿Cuál es el fin último de la espiritualidad? No es el Amor, porque el Amor ya es y siempre ha sido. El fin último es erradicar por completo el miedo de la mente. El miedo es la capa más profunda, la que está antes de la forma específica o de su materialización.
La espiritualidad real solo tiene que responder a una única pregunta y no podrá hacerlo mientras el miedo siga presente. Por lo tanto, cualquiera que desee avanzar tendrá que trascender todas sus inseguridades, así como su autoimagen empequeñecida e impotente. ¡Comencemos, que para después ya es tarde! Lo primero es salir del asiento del copiloto y quitarle el puesto a la sombra que está conduciendo el vehículo.
Seguramente la habrás observado de reojo más de una vez y te habrás dado cuenta de que los caminos por los que te lleva nunca te hacen feliz. Tienes que hacer que detenga el vehículo, diciéndole clara y contundentemente que, a partir de ahora, conduces tú. Te vas a sentar en el asiento del conductor y pondrás las manos en el volante. La sombra no se va a bajar del vehículo; simplemente se cambiará al asiento del copiloto y te acompañará mientras haya camino, señalando tus errores para intentar recuperar su antiguo puesto.
Ahora, con las manos en el volante, sentirás su rugosidad y empezarás a darte cuenta de que el asunto dependerá de ti a partir de ese momento. Levantarás la mirada y verás una densa niebla que no te dejará ver a más de doscientos metros. Está hecha de puro miedo, de todos los miedos inimaginables que puedan surgir en tu mente.
Solo verás un trozo del camino, por lo que necesitarás estar especialmente atento al presente más inmediato. El camino que dejas atrás quedará en la densa niebla del olvido y dejará de ser relevante porque nunca habrá retroceso. Solo se podrá ir hacia delante.
Ahora que ya tienes claro que tú serás la única persona a cargo de su conducción, lo encenderás. «¡Trata de arrancarlo, por Dios!», dijo alguien una vez cerca de la meta. Cuando lo hagas, una chispa recorrerá tu nuca, aquello empezará a estremecerse y tus miedos se dispararán. Quizás te entren sudores fríos por asumir semejante responsabilidad. Quizás pienses: «¿Qué estoy haciendo si yo no soy nadie?». El caso es que sí serás alguien: serás el conductor, y eso será más que suficiente. No te preocupes, porque, a lo largo del camino, la sombra se encargará de repetirte lo mismo: «No eres nadie, no eres nada». No le prestes atención, porque solo es un disco rayado que reproduce una antigua canción que apenas se entiende.
Con el temblor del coche llegando hasta tus manos y resonando por todo tu cuerpo, empezarás a confiar y soltarás una mano del volante; luego pondrás la primera y, finalmente, pisarás lenta y suavemente el acelerador. «¡Qué vértigo, esta cosa se está moviendo!», pensarás.
Al principio creerás que estás conduciendo un pesado tanque, pero, a medida que la travesía te pida subir de marcha, se irá transformando en un poderoso deportivo. Cuando ya no te quede ninguna marcha por subir, pisarás el acelerador a fondo y la niebla empezará a mostrar tonos anaranjados. Finalmente, desaparecerá y, por un instante, te encontrarás sobrevolando un abismo y pensando: «¡Guau! ¿Entonces, al final, el mundo era plano?». Esa será la última pregunta chistosa antes de caer fundido en el Sol que estaba justo debajo y que tanto tiempo habías estado esperando.
Una gran escena para un gran final. ¡Luces, cámara, acción!