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Te liberto, me liberto

Si uno decidiese juzgar todas las cosas que ocurren simultáneamente, la infinidad de ideas que sostienen el mundo y sus incongruencias y contradicciones, lo único que lograría sería perder su tiempo y su energía, además de volverse esquizofrénico.

El mundo es lo que es por ese disparatado y caótico choque de ideas. Cada individuo está encerrado en su pequeño mundo de pensamientos individuales, o sea, en la pequeña parcela de su mente. ¿Y cuántos sistemas de creencias podría haber en la Tierra en este momento? Tantos como personas hay. ¿Y cómo no va a haber conflicto si cada uno piensa diferente y cree en un mundo diferente al de todos los demás?

También sería utópico intentar que otro compartiese completamente tu forma de pensar sin haberlo doblegado, zombificado o convertido en una exánime marioneta. En alguien carente de voluntad propia, de capacidad crítica y de discernimiento.

Cada cual creerá lo que quiera creer y vivirá de acuerdo con sus creencias, pues en ellas estará implícita su forma de vida, su forma de hacer y su forma de relacionarse con el mundo que le rodea. ¿Lucharías contra todos para que tus creencias prevalecieran o simplemente le ofrecerías una flor blanca a todo el que se cruzase por tu camino? ¿Qué importa lo que crea cada quien?

El problema no es lo que crean; el problema es que usen las creencias de su diminuto mundo como excusa para odiar al otro, para justificar un asedio continuo, para justificar el sometimiento, para obligarle y para privarle de su libertad de elección.

Lo único que realmente se tendría que lograr es la paz. Algo que solo sería posible si uno dejase que el resto fuese libre. Si uno no intentase activamente que el otro se atuviese a sus deseos egoístas. Si uno fuese realmente capaz de respetar la voluntad ajena, podría estar en disposición de respetar su propia voluntad, lo cual significa que estaría en disposición de ser «libre».

Y, por supuesto, cuando digo «libre», me refiero a una libertad condicionada a los márgenes de este mundo y de su forma de pensar, ya que la libertad real solo puede estar en su trascendencia.

Obviamente, siendo este mundo un lugar tan sumamente complejo, el ejercicio de esa «libertad» no resulta sencillo. Lo que sí es seguro es que al menos no estarías sometido a un desgaste continuo por intentar lograr un imposible. No estarías en una guerra continua en la que, incluso ganando la batalla, te habrías atado al derrotado, teniendo que arrastrar las cadenas que desde ese momento os unirían.

Creemos ocultamente que la cima del mundo se encuentra tras ganar esa batalla; sin embargo, lo único que logramos es convertirnos en un esclavizador que se vuelve esclavo del esclavizado.

Comparte tus creencias, sí, pero no intentes convencer a nadie de lo que simplemente es tu enormemente limitado punto de vista.