Nuestro querido compañero, el ego, es muy distraído, desorganizado y miedoso. La mente focalizada no es controladora; solo coloca las cosas en el lugar que les corresponde. Se organiza a sí misma y no intenta doblegar voluntades ajenas.
Es consciente de que para ir de A a B hay que ejecutar una serie de pasos. No vive de ilusiones ni autoengaños. Sabe que si se dirige a B es porque hay algo en B que manifiestamente desea. Tiene tan claro lo que busca que paga gustosamente su precio en perseverancia.
El que aprisa va desespera.
El que aprisa va no cuida de sus pasos.
El que aprisa va se tropieza.
El que aprisa va a buen puerto no llega.