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Ser espiritual significa Ver

¿Qué es ser espiritual realmente? ¿Es hacer todo tipo de prácticas que involucran al cuerpo, cuya idea es antagónica a la propia espiritualidad? Siendo el cuerpo la fuente de todo temor, ¿cómo va a ser su culto lo que anule el miedo en la mente y no algo que lo fomente aún más?

La espiritualidad no tiene nada que ver con el cuerpo porque la espiritualidad está en la mente. En la manera de pensar, en la manera de Ver el mundo y, por lo tanto, en la manera de enfocar la vida, así como en las acciones que derivan de esa forma de pensamiento.

La verdadera espiritualidad Ve las cosas tal y como son. No justifica lo que no tiene sentido y está totalmente vacío. No justifica la mediocridad de espíritu y su ataque continuo. No justifica la falta de amor, sino que la percibe tal y como es; reconoce que donde no hay amor hay ataque. Reconoce que donde no se Ve con los ojos del amor se ve con los ojos del odio y del juicio negativo y vengativo.

Es básico entender que la espiritualidad solo puede estar en la mente y en permitir que la mente aprenda y cambie como resultado de ese aprendizaje.

Ahora bien, ¿por qué es necesario aprender? ¿Por qué no recibir directamente lo que te pertenece de nacimiento? ¿Por qué pasar por todo este engorroso y duro proceso? La respuesta es simple: porque deseas lo que es antagónico al amor creyendo fervientemente que es la fuente de tu felicidad.

El aprendizaje no hace otra cosa que modificar tus deseos, así como el mundo que Ves no hace otra cosa que reflejarlos. Lo que deseas siempre termina apareciendo delante de una forma u otra. El problema es que no reconoces que esos deseos, tal y como los deseas, te pueden salvar o destruir. Dártelo todo o quitarte lo poco que te queda.

Hasta aquí, más o menos, todo el mundo podría estar de acuerdo: deseo cosas que no me hacen bien, pero no sé reconocerlas; por eso necesito aprender a diferenciar, o a Ver las cosas tal y como son; a separar lo valioso de lo que no tiene ningún valor, a separar el trigo de la paja.

Sin embargo, uno de los mayores secretos de la espiritualidad es que no puedes ni debes renunciar a tus deseos o sueños mundanos. No puedes acceder a la verdad a través de la renuncia porque la verdad te da el universo al completo, y renunciar es equivalente a negar su naturaleza.

Entonces, si no puedo renunciar a mis deseos y mis deseos me mantienen sufriendo, ¿qué debería hacer? Es sencillo: darte el capricho y hacer lo que todo niño hace: jugar con ellos hasta que se aburre o se da cuenta de que ya no le divierten ni le hacen feliz. ¿Y qué hace luego? Los suelta o los deja ir por voluntad propia.

Todo deseo que no se ha gastado te ata a este mundo. Lo reconozcas o no. Tienes que aborrecer de alguna forma el mundo material para dejar de desearlo. Sueña en grande para obtener lo que es aún más Grande que cualquier sueño vano. Necesitas cumplir tus sueños o deseos mundanos para reconocer que están vacíos y que tu mente pueda liberarse de ellos.

Quienes han alcanzado sus metas mundanas terminan descubriendo el vacío que hay detrás de ellas. Al llegar a ese punto, se encuentran al borde del abismo: a un paso de hundirse en la más profunda desesperación o de abrazar el verdadero sendero con todo su Ser.

¿Y el resto? Esos aún sueñan con cosas que no logran alcanzar y que, además, no valen nada. Sus sueños vanos siguen haciendo la eficiente función de ancla.

Si después de lograr algo se experimenta una sensación de vacío en vez de plenitud, es que ese algo siempre ha estado vacío. ¡Qué simple y lógica es la Verdad!