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La disposición correcta

El que no quiere ser ayudado quiere que sus razones para odiar al mundo sigan intactas. Esa es su voluntad. Es lo que quiere. Quiere seguir viendo lo mismo y tropezando con la misma piedra. Como el hijo de Dios es libre, no se le puede forzar a recibir lo que no desea recibir.

Uno debería ser lo suficientemente humilde para entender esto y dejar que cada cual haga su camino y aprenda a su ritmo. A fin de cuentas, el que debe aprender es uno mismo. Uno tiene la tendencia a querer quitarle la venda de los ojos al otro cuando debería ocuparse de quitársela a sí mismo. La arrogancia es creer que un ciego puede ayudar a otro ciego. Uno ha tenido que entender y ver primero. El que quiere ayuda la pide y el que se ha quitado la venda puede ayudar. Es así de simple.

El que tiene que ser libre y feliz es uno mismo. Nada se logra alabando el sacrificio. Dios no pide sacrificios; Dios pide Verdad. Si no encajas, no encajas. No insistas. Si te obligan a ser otro, no insistas. Si no te aceptan como eres, no insistas. Insistir en lo imposible es arrogancia.

Fluir es aceptar y reconocer. No todos van al mismo ritmo ni deben hacerlo. Eres tú quien debe reconocer tu propio ritmo y dónde encajas naturalmente, pues es ahí donde podrás avanzar sin demasiado esfuerzo. Debes respetar tu propia naturaleza porque es la que te enseña tu propio camino. Nada logras yendo en contra de tu naturaleza o de los colores que te han sido dados. Esto tiene perfecto sentido porque el puzle que conforma el mundo perdonado tiene que ser montado.