Cada cierto tiempo me veo impulsado a revisar esta idea. Seguramente porque es tan compleja como el propio mundo que pretende anular. Creo que lo primero de todo que es importante entender es que no se rige por un conjunto de reglas. ¿Y qué quiero decir exactamente con esto? Que no hay un listado de normas a las que puedas agarrarte para responder ante cada situación que se presenta en tu experiencia de vida. Esto es sumamente importante porque hay una tendencia muy fuerte a reducirlo todo a un dogma simplista. Los cultos y las religiones tienen componentes dogmáticos que persiguen el sometimiento de la voluntad individual. Y la voluntad no puede ser sometida porque el Hijo de Dios tiene que ser por siempre libre.
En la parte más práctica de la experiencia, esto significa que nada ni nadie debería ejercer control sobre ti. No tienes que tragar ni reírle las gracias a nadie. No tienes por qué estar con nadie ni permanecer al lado de nadie. Todo lo que hagas tiene que surgir de tu propia voluntad, aprendizaje y coherencia interna. Cada persona habita un mundo interior diferente y tiene que ser coherente con su propio mundo y la evolución de este. No tiene que forzarlo a encajar en los lugares que no le corresponden. Forzar no es otra cosa que ejercer control.
La siguiente idea que es muy importante entender es que el perdón es mayormente subjetivo. ¿Y qué quiero decir con esto? Que, excepto casos karmáticos extremos o eventos inesperados que te estallan en la cara (eventos muy puntuales), todo lo demás es puramente subjetivo o depende de tu percepción y comprensión de la realidad.
Por ejemplo, dos personas perciben que alguien les trata despectivamente. Una de ellas puede decidir perdonar; la otra no lo necesita. ¿Qué diferencia hay entre ellas? El aprendizaje. ¿Y qué es el aprendizaje o lo que permite que el perdón no sea necesario? Es una visión omnibarcante, o lo que es lo mismo, ver las dos caras de la moneda, o lo que es lo mismo, ver la situación externamente desde lo alto. Eso es lo que hace que el perdón sea innecesario.
El perdón lo aplica la parte partidista y, por tanto, sesgada de la mente. La parte que puede ver de forma abstracta o amplia no lo necesita y, además, puede actuar desde la totalidad para bien de ambas partes porque puede ver el cuadro completo.
La última idea que también me gustaría poner sobre la mesa es que nadie viene al mundo como un lienzo en blanco. Creo que eso es una falacia. Creo que todos venimos con unas tendencias innatas y no es casualidad, porque forman parte de la brújula interna y del camino que cada uno debe seguir. Hay gustos y deseos muy particulares que no cambian con el tiempo porque son parte de la propia configuración innata de la persona. Intentar taparlos o anularlos solo deriva en sufrimiento porque es la negación de uno mismo y de su propio camino vital.
Esto es fácil de entender: si el mundo tuviese que funcionar con la coherencia interna de un reloj, cada pieza que es distinta debería encajar en un sitio muy específico. Los dogmas y los que se creen con la posesión de la verdad impiden, con su sesgo, que esa reconfiguración del mundo se dé.