Voy a comentar un poco sobre esta película de 2024 porque tiene mensajes de fondo muy importantes. El primero de ellos es que nadie querría vivir en un sitio donde se sintiese reprimido y que su libertad estuviese coartada de distintas maneras.
Ahí fuera hay demasiada gente que dedica su vida a imponer su forma de pensar y, en la mayoría de los casos, esa forma de pensar toma el aspecto de muros que dividen a la sociedad en dos. No suelen promover puntos de conexión que unan distintas realidades, necesidades y sentires.
El antisocial es el que no quiere una sociedad sólida, constructiva y pacífica. Prefiere ver la sangre correr por las calles; prefiere lo fácil, lo impulsivo y lo carente de raciocinio y sentido.
Otro punto que se expone es que, para crecer, necesitas la ayuda de los demás. Pensar que tienes que montártelo por tu cuenta porque la verdad te pertenece es un pensamiento totalmente egoico. La verdad está en todas partes, a veces en una simple mirada.
En la película se da una situación en la que solo pueden triunfar aparcando su individualidad por un rato; solo pueden triunfar siendo un poquito más humildes. Otra gran clave es que el protagonista no tiene tendencia a precipitarse, sino que razona concienzudamente cuál es la mejor opción, la que los beneficia a todos, y se traga su orgullo más de una vez con tal de alcanzar sus objetivos.
Además, cuando le llega la luz, no se limita a cruzarse de brazos, sino que se pone en marcha a pesar del miedo, de no saber qué pueda pasar y de los riesgos potenciales. En ese punto aparece su rebeldía pacífica. Aparece su Gandhi interior, que le habla y le dice: «Basta de este juego, de estas ideas, de estas limitaciones, de esta falta de amor al prójimo. Basta de huir indefinidamente. Esto es aquí y ahora; si no está sucediendo, haré que suceda».
De vez en cuando aparecen algunos que se rebelan contra la sombra, contra su propia sombra, y que encienden su fuego interior.
Y arden,
arden,
arden…