Música ambiente
Music by AtlasAudio from Pixabay

Desnortamiento

Hay dos cosas que son muy del ego: el deseo de ser especial y el complejo de salvador. Ambas, producto de profundas carencias. Intentos de compensar un enorme vacío existencial. Una carretera dolorosa que lleva a más dolor. Un círculo de solitud que se estrecha, creando a otro nuevo dictador. Más de lo mismo: más miedo sobre miedo, más huida, más escape, más deshonestidad, más ignorancia, más incomprensión.

Siempre cargas con una bola de nieve, ya sea que te despeñes con ella o te acompañe subiendo una ladera. Hecha de aprendizajes y creencias, te eleva o te hunde aún más de lo que ya estás. Somos alimentados y estimulados continuamente con límites, prohibiciones y advertencias de quienes viven por y para el miedo.

Para quienes casi todo es una amenaza que hay que atajar. Curiosamente, esa que es necesaria para su ansiado papel de salvador y para alimentar ese desconcertante vacío interno, esa agitación continua, ese nerviosismo.

Y sí es cierto, no se puede negar: no es fácil haberse perdido tantísimo y regresar por un camino que está a oscuras. No es fácil haberse equivocado tanto y entender que era sólo un simple error. No es fácil darse cuenta de la sencillez de las cosas que realmente importan y descartar aquellas que son vanas distracciones.

Suena una canción: es un acordeón que se abre. Sus extremos se separan. Algo les distancia: el tiempo transcurrido que permite el espacio entre ellos. Ese espacio que se llena de aire provoca el sonido. Quizás sea ese algo que, vibrando, les une en la distancia.

Tiempo y espacio: nuestro dúo dinámico, ¿quién podría entender el uno sin el otro? ¿Qué podría ser el uno sin el otro? En un abrir y cerrar de ojos: vuelven a unirse los extremos, las contradicciones, los polos opuestos. El tú o yo desaparecen. La víctima y el salvador desaparecen. Y, al final, sólo queda uno, sólo queda Dios…