No creo en la gente que se deja embaucar por el falso brillo de un puñado de palabras y cede su voluntad a lo inánime, obviando que el único lugar donde se encuentra la Verdad es en su interior y no tras un montón de símbolos ajenos.
Algunos aprendizajes externos tienen sentido en un momento dado, pero al final tendrás que saltar al vacío. Los evangelizadores cargan con palabras impropias y tienen el corazón y la verdad cerrados a cal y canto. Cargan con un escudo hecho de miedo y se esconden tras él para evitar mostrarse, para evitar compartirse plenamente.
Si ya entendiste lo básico, ¿por qué sigues buscando donde no hay nada? ¿Por qué sigues aferrándote al borde del barranco? ¿Cómo vas a encontrar el Amor si el Amor y el miedo no se entienden? ¿Cómo vas a encontrar el Amor sin tirarte por el precipicio? ¿De qué tienes tanto miedo si todos están igual que tú? Si todos están igual de perdidos y temblando, engañándose a sí mismos todos los días de su vida y mirando hacia otro lado, creyéndose el cuento de que su miseria es suficiente.
¿Cómo vas a entender algo que no está en tu contexto, que no ha sido procesado por tu propia mente? Ellos se esconden tras sus propios barrotes e imploran ayuda. ¿Quién podría tolerar semejante hipocresía? ¿Quién pide ayuda y, a la vez, pide no ser ayudado?
Siempre hay uno que da un paso al frente, siempre hay uno que da la cara, siempre hay uno que termina corrigiendo el error y atajando sus desencantos. No está escrito en ningún lugar que deba ser otro. La antorcha está ahí para que cualquiera la agarre. Y ciertamente tendrás que agarrarla si quieres llegar a ser libre y feliz.
Baila el tango del miedo hasta que el miedo se agote. El baile más aterrador es el que consideras más real, como esa prisión en la que te escondes. Tendrás que ir apagando sus sistemas de seguridad y dejando que entre… Tendrás que ir quitándote esas prendas que te ocultan hasta terminar mirándote de frente.
Totalmente desnudo, totalmente libre.
¿Aún tienes miedo?