¿Sabéis por qué seré libre? Porque soy capaz de derrumbar mi casa cada vez que aparece una idea mejor, ya sea en la parcela de mi mente o «fuera» de ella. Soy capaz de volver a construirla desde cero con las nuevas herramientas de las que voy disponiendo y que en ese momento reconozco como valiosas.
No pretendo construir una identidad que el mundo pueda comprar y que yo necesite vender y defender para sentirme mejor, para que luego esa identidad se convierta en los nuevos barrotes que limiten mi mente y mi crecimiento. No voy a ser esclavo de mis propias ideas ni de las de nadie, aunque sí seré lo suficientemente honesto para reconocer toda idea deslumbrante, provenga de donde provenga.
Puedo avanzar sin dilaciones porque las paredes de mi casa están hechas de cambiantes llamas. Una casa hecha de puro fuego, pura transformación, pura transmutación. La casa de un alquimista que experimenta y juega con lo que recibe. ¡Veamos qué poción hecha de palabras sale esta vez! Siempre abierto a lo nuevo, a recibir y a jugar.
Imaginad qué esclavo de sus ideas es todo aquel que lleva adorando las mismas paredes durante toda de su vida. Imaginad lo difícil que le resultaría tirar una sola de ellas cuando le parece tan sólida, tan real…
Dije alquimista, pero la casa es tan cambiante que a veces quien la habita es un músico afinando su instrumento, y cuanto más lo afina, mejor suenan sus notas.
Algunos piensan: «Es que mis ideas ya me sirven». Yo les diría que la vida viene tan huracanada que las tirará por tierra y que su falta de flexibilidad les dejará en paños menores y temblando.
Para cuando aparezca de nuevo el iceberg, habrás tenido que tomar una decisión distinta.
¿O querrás volver a chocarte con él?