El mundo que ves es una imagen falsa que has forjado de ti mismo. Intentas subir una escalera imaginaria. Asciendes a través de peldaños de juicio que refuerzan esa imagen. Una escalera que no tiene fin.
No entregas los pensamientos de ataque porque sí, sino para entregar la imagen falsa que has forjado de ti mismo. Cada vez que entregas un ataque mental, abres poco a poco la puerta trasera que conduce a lo que es verdad en ti.
Desde el otro lado de esa puerta te llaman tus pensamientos reales o tus creaciones de Amor perfecto junto con Dios. Liberas a tu mente de su propio juicio y de su sentencia condenatoria. Liberas a tu mente de esa imagen que no te representa con fidelidad.
La mente en calma es aquella que ha dejado de autoflagelarse.
Verán los que tengan la voluntad de ver.
Esa es la voluntad de recordar.
Esa es la voluntad de despertar.