Para ver o predecir el futuro no hace falta ser un lince. A veces solo es cuestión de saber sumar «2 + 2» o, lo que es lo mismo, conocer las relaciones de causa y efecto que rigen el mundo. Algunas de ellas son extremadamente simples y evidentes; otras, más complejas.
Uno podría entonces llegar a la conclusión de que vivimos en un mundo determinista con un rodar predecible. Y lo cierto es que es bastante así. Se podría decir que este mundo es un 99 % de determinismo y un 1 % de sorpresa.
¿Y cómo se dan ambos? ¿Qué son? Pues el determinismo es como un luchador de sumo que te va empujando golpe tras golpe hasta el borde de un abismo. Llega un momento en el que eres consciente de tu destino porque sabes que estás al borde y que un paso en falso supone el fin. Sin embargo, no logras concebir una alternativa para salir de esa situación.
Ves cómo tus problemas, que ahora aparecen como minas a punto de estallar, se aproximan junto con el señor de la guadaña. Tu destino lo escribieron tus nefastas decisiones. Ya no hay vuelta atrás. «Habrá que conformarse con lo que venga», piensa tu mente enjaulada.
Como estamos dentro del determinismo, lo que sigue, como es evidente, es que terminarás despeñado. Sin embargo, siempre hay una última carta en el bolsillo que casi nadie se atreve a jugar: la del 1 % de posibilidad.
Esa carta te permite ahorrarte el tiempo que tardarás en iniciar el descenso, caer por el vacío, tocar fondo y observar las paredes que te encarcelan. Y, finalmente, tomar la decisión que te permitirá remontar y construir una nueva vida; ahora sí, con la mano en el pecho y la frente en alto.
Ese 1 % es la carta de los milagros. Es la apuesta dorada. Es apostar por una carta que no tiene nada dibujado porque está hecha de luz. Esa carta es un cambio súbito de opinión. Es cambiar de vía justo antes de un descarrilamiento. Es desactivar una bomba un segundo antes de que explote. Es la pelota que, entrando, roza el larguero después de que una mano invisible curvase su trayectoria.
Ese 1 % es lo que realmente te mantiene con vida. Ese 1 % es la esperanza de un sueño aún por cumplir.
Hay que estar muy loco para jugárselo todo a una carta desconocida.