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La fama

¿Qué es la fama? Una falsa promesa. Una moneda de dos caras. La antítesis del Amor. Un cuadro con dos escenas superpuestas.

La que se ve a simple vista: el que alcanzó la cima del mundo, el más admirado, el más amado, el que se merece todo. Un camino de sacrificio que culmina en el Olimpo. El fin último de una efímera e intrascendente vida: ser alguien en medio de la nada. No he venido a este cuento para ser un mero figurante o parte del atrezo de un escenario en el que necesitarías quedarte medio ciego para poder diferenciarme.

—¿Ese arbusto está vivo? —pregunta alguien.

—Qué más da —contesta otro.

Su ascenso es, pues, claramente una necesidad.

La escena de fondo, la que apenas se atisba y solo se deja entrever: el nuevo rey subiendo por la escalera, decidido a ser Real. Se planta ante el actual y le rebana la cabeza.

Luego tira su cuerpo escaleras abajo y deja que una manada de lobos hambrientos lo devore con su exquisito gusto por el odio. Se sienta en su trono encharcado y muestra su sonrisa maquiavélica. Un segundo después, se le retuercen las tripas, pues necesita esa misma sangre que ha derramado para subsistir.

Un rey carente y hambriento que se convierte en otro lobo voraz. Pide un desfile de siervos, a los que engulle uno a uno sin saciarse nunca. El hambre se acentúa cada vez más y se pregunta:

—¿Por qué nunca tengo suficiente?

A veces se da cuenta de su vana empresa y se deprime; otras veces, muere antes de formularse dicha pregunta. A la vuelta de la esquina acecha el siguiente rey, que ha estado contemplando ansiosamente el festín entre bastidores. Entonces, la rueda de la fortuna vuelve a girar. ¿Quién será el siguiente? ¿A quién le va a tocar esta vez?

Espejito, espejito mágico, ¿quién es el más hermoso del reino?

—Si él no es real, tú tampoco lo eres. Si él no vale nada, tú tampoco lo vales porque el Amor es Uno —le contestó el espejito.