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Investigación

¿Podemos construir un mapa para comprender cómo llegamos a ser quienes somos?

Proyecto Atlas nace de una pregunta aparentemente sencilla:

¿Por qué hacemos lo que hacemos?

Intentar responderla nos ha llevado a descubrir que detrás de ella existen muchas otras preguntas.

Preguntas sobre quiénes somos, cómo interpretamos aquello que nos sucede, por qué sentimos lo que sentimos, qué nos lleva a actuar de una determinada manera y cómo cada experiencia termina transformándonos.

Atlas es un intento de explorar esas preguntas conjuntamente.

No para reducir al ser humano a una fórmula, sino para comprobar hasta qué punto es posible construir un mapa que nos permita comprender mejor la enorme red de relaciones que existe detrás de nuestra experiencia.


Las preguntas de Atlas

¿Qué determina quién creemos ser?

¿De dónde surge nuestra identidad?

¿Qué parte procede de nuestra historia, qué parte aprendemos de nuestro entorno y qué permanece relativamente estable a pesar de nuestras experiencias?

¿Hasta qué punto aquello que creemos ser condiciona aquello que podemos llegar a ser?


¿Vemos el mundo tal como es?

Dos personas pueden encontrarse ante una misma situación y experimentar realidades completamente diferentes.

¿Por qué?

¿Qué ocurre entre aquello que sucede y aquello que finalmente experimentamos?

¿Qué papel desempeñan nuestras experiencias anteriores, nuestras creencias, expectativas y preferencias en la construcción de aquello que percibimos?

¿Dónde termina la percepción y comienza la interpretación?


¿Por qué unas cosas captan nuestra atención y otras desaparecen?

En cada instante existe mucha más información de la que podemos procesar conscientemente.

Sin embargo, algo parece decidir qué resulta importante.

¿Por qué detectamos determinadas señales y descartamos otras?

¿Qué convierte algo en relevante para nosotros?

¿Y hasta qué punto aquello a lo que prestamos atención termina construyendo la realidad que experimentamos?


¿De dónde surgen nuestras emociones?

¿Qué relación existe entre aquello que interpretamos, aquello que sucede en nuestro cuerpo y aquello que finalmente sentimos?

¿Puede una emoción comprenderse independientemente de la interpretación que la precede?

¿Hasta qué punto nuestra fisiología modifica nuestra manera de interpretar una situación?

¿Y hasta qué punto una interpretación puede modificar nuestra fisiología?


¿Por qué hacemos lo que hacemos?

Entre aquello que experimentamos y aquello que hacemos parece existir un complejo proceso de selección.

¿Por qué ante una misma situación una persona huye, otra confronta, otra permanece inmóvil y otra intenta comprender?

¿Qué determina qué posibilidades somos capaces de contemplar?

¿Por qué algunas respuestas se producen automáticamente mientras otras requieren reflexión?

¿Somos capaces de elegir de manera diferente cuando conseguimos comprender mejor aquello que está sucediendo?


¿Qué aprendemos de nuestras experiencias?

Actuamos y el mundo responde.

Pero ¿qué aprendemos realmente de esa respuesta?

Una consecuencia puede reforzar aquello que ya creíamos, contradecirlo o enseñarnos algo que nunca habíamos considerado.

¿Por qué algunas experiencias transforman profundamente nuestra manera de entender el mundo mientras otras pasan prácticamente inadvertidas?

¿Y qué determina que seamos capaces de revisar una creencia en lugar de protegerla?


¿Cómo cambia una persona?

Si cada experiencia tiene el potencial de modificar nuestra comprensión, entonces una persona nunca es exactamente la misma después de atravesar su propia vida.

¿Qué permanece?

¿Qué cambia?

¿Cómo se acumulan los aprendizajes?

¿Puede una pequeña modificación alterar progresivamente toda una trayectoria vital?

¿Podemos comprender una vida como un proceso continuo de interacción entre lo que una persona ya es y aquello que todavía está aprendiendo?


De la persona al mundo

Y entonces aparece una pregunta todavía mayor.

¿Son estos procesos exclusivamente individuales?

Las sociedades también construyen identidades.

Los grupos comparten creencias.

Las instituciones interpretan amenazas.

Los países recuerdan experiencias anteriores.

Las comunidades desarrollan expectativas sobre el futuro.

Y todas ellas actúan sobre el mundo y reciben las consecuencias de sus propias decisiones.

Por tanto:

¿Podrían algunos de los mecanismos que nos ayudan a comprender a una persona ayudarnos también a comprender el comportamiento de grupos, organizaciones o sociedades enteras?

Esta posibilidad amplía enormemente el territorio que Atlas pretende explorar.


La pregunta que las une

Todas estas cuestiones terminan convergiendo en una sola:

¿Es posible construir un modelo suficientemente amplio y coherente para representar cómo interpretamos la realidad, actuamos dentro de ella, aprendemos de nuestra experiencia y cambiamos a través del tiempo?

No sabemos todavía hasta dónde puede llegar la respuesta.

Precisamente por eso estamos investigándola.


Un mapa, no una verdad

Atlas no parte de la pretensión de haber encontrado una explicación definitiva del comportamiento humano.

Trabajamos en la dirección contraria.

Construimos hipótesis.

Las relacionamos.

Las enfrentamos a situaciones concretas.

Buscamos aquello que el modelo consigue explicar, pero prestamos especial atención a aquello que no consigue explicar.

Porque una contradicción no necesariamente destruye un mapa.

Puede mostrarnos qué parte del territorio todavía no habíamos visto.

Por eso concebimos Atlas como un modelo abierto y provisional: una estructura que debe poder cambiar a medida que aparecen mejores preguntas, nuevas evidencias o relaciones que antes permanecían ocultas.

El mapa debe adaptarse al territorio. Nunca el territorio al mapa.


Una investigación transversal

Comprender la experiencia humana difícilmente puede abordarse desde una única disciplina.

Psicología, neurociencia, filosofía, biología, ciencias cognitivas, sociología, antropología, inteligencia artificial y otras áreas estudian diferentes partes de un mismo fenómeno desde perspectivas distintas.

Atlas pretende explorar también los espacios que existen entre ellas.

No se trata de mezclar disciplinas indiscriminadamente, sino de preguntarnos si algunos de sus descubrimientos pueden formar parte de una representación más amplia y coherente.

A veces una pieza adquiere un significado diferente cuando descubrimos el lugar que ocupa dentro del puzle.


¿Hasta dónde podría llegar?

La primera pretensión de Atlas es sencilla:

comprender mejor.

Pero si fuese posible identificar relaciones suficientemente consistentes entre los distintos procesos que participan en la experiencia humana, el resultado podría tener aplicaciones mucho más amplias.

Podría contribuir al estudio del aprendizaje, la toma de decisiones, el conflicto, la transformación personal, las relaciones humanas o el comportamiento colectivo.

También podría abrir una línea especialmente interesante:

¿Puede parte de esta arquitectura llegar a representarse computacionalmente?

No para afirmar que una máquina experimenta el mundo como lo hace un ser humano, sino para investigar si algunos de los procesos relacionales que participan en nuestra toma de decisiones pueden modelarse y estudiarse.

Esto podría permitir plantear nuevas preguntas sobre simulación, inteligencia artificial y sistemas capaces de considerar no únicamente objetivos y resultados, sino también valores, contexto y consecuencias.

Son posibilidades. No conclusiones.

Y distinguir ambas cosas forma parte de la investigación.


En qué estamos trabajando

Proyecto Atlas se encuentra actualmente en desarrollo.

Estamos construyendo y revisando progresivamente un modelo conceptual de la experiencia humana, contrastando sus relaciones mediante casos concretos y explorando su compatibilidad con conocimientos procedentes de diferentes disciplinas.

Paralelamente, estamos desarrollando una estructura que permita organizar los casos estudiados, detectar patrones recurrentes y someter las hipótesis del proyecto a pruebas cada vez más exigentes.

Cada nueva versión del modelo es provisional.

Cada caso puede confirmarla, ampliarla o mostrar dónde necesita ser corregida.


Un proyecto abierto a otras miradas

Un proyecto de esta naturaleza difícilmente puede desarrollarse desde una única persona, disciplina o perspectiva.

Por eso Atlas está abierto a conversar con investigadores, psicólogos, neurocientíficos, filósofos, desarrolladores, especialistas en inteligencia artificial, universidades, instituciones y otras personas u organizaciones que encuentren valor en las preguntas que estamos planteando.

También estamos abiertos a quienes puedan contribuir proporcionando recursos, infraestructura o financiación que permitan ampliar la investigación.

No buscamos simplemente personas que estén de acuerdo con nosotros.

También necesitamos personas capaces de mostrarnos dónde podemos estar equivocados.

Porque encontrar una buena objeción puede resultar tan valioso como encontrar una buena respuesta.


¿Te interesa lo que estamos investigando?

Si alguna de estas preguntas conecta con tu propio trabajo, si crees que puedes aportar conocimiento al proyecto o si estás interesado en contribuir a su desarrollo, estaremos encantados de escucharte.

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