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A toro pasado

Estaba haciendo cosas por casa y, de repente, vuelvo a aquella conversación que tuve y me veo a mí mismo dando una respuesta más elaborada, más amorosa. Y, como soy de los que piensan «mejor tarde que nunca», escribo esta pequeña narración para ofrecérsela.

Pongámonos en situación: estaba con dos amigas disfrutando de su preciada compañía y hablando de temas diversos. En un momento dado, una de ellas nos contó que tenía un problemilla que la llevaba de cabeza. Resultaba que tenía un amigo desde hacía muchos años, pero con el que mantenía una relación muy superficial.

Dicha relación giraba en torno a una afición común, aunque, por otro lado y por parte de él, había algo más que amistad. Él se lo había expresado en más de una ocasión y ella siempre le había contestado con una negativa.

Hasta aquí no había demasiado problema. La complicación venía del hecho de que ella tenía pareja desde hacía años y no había sido capaz de contárselo, seguramente por varias razones: la primera, porque conocía sus sentimientos; la segunda, porque se escudaba en la relación superficial que mantenían, en la que no era necesario entrar en ese tipo de detalles.

Sé de buena tinta que situaciones similares a esta son muy comunes, así que yo jamás la culparía por ello. En aquel momento le dije, bromeando: «Él seguramente te ve como a la virgen María porque debe de sentir veneración por ti».

Luego pensé que él creía ciegamente en la inocencia de ella, mientras que ella creía ciegamente en su propia culpabilidad por la mentira sostenida. También estoy convencido de que su principal miedo era perder su amistad y, por lo tanto, su Amor.

En aquel momento, mi respuesta corta fue: «Sé sincera por encima de todas las cosas y te quitarás ese peso de encima». Aunque también era consciente de que, después de tanto tiempo sosteniendo una mentira, tener ese valor implicaba asomarse al abismo y tirarse por él.

Ahora, yendo al grano, la respuesta que me vino a la mente en casa fue:

«No puedes perder el Amor. No tengas miedo, libérate, cuéntale la verdad. Estás rodeada de Amor y no lo ves. En este preciso momento tienes el amor de dos personas que están a tu lado, que ríen contigo, que se comparten sin filtros, y seguramente el de mucha otra gente.

Es como el aire: algo que no puedes perder, algo que te acompaña adonde vayas, pero que olvidas o no ves.

Una relación que no se muestra tal y como es no tiene sentido. Son dos personas separadas por un muro que les impide verse.

Uno tiene derecho a ser completamente como es y a que lo amen por ello. El Amor siempre está detrás del muro, pero se necesita mucho coraje para derribarlo».

¡Suerte y valor, amiga!