El fin del ego es la unidad. El ego no desea ser Uno. Desea ser escuchado, desea ser visto y adorado. El ego desea ser dos porque desea un siervo que valide su existencia.
¿Quién podría hallar paz cuando su vida depende de algo ajeno a sí mismo que puede perderse en cualquier momento? ¿El Amor permitiría la servidumbre? Dime cómo puede ser amado el esclavo cuando lo asfixias y lo reduces al polvo de tus zapatos. Dime cómo pueden ser amados el bufón o el palmero cuando son meros ecos de tu aliento.
Dos da para recibir las carantoñas de su mascota. Dos da para que le preparen un trono en el que sentarse y mirar con alevosía desde lo más alto. Dos da para ser dos en vez de Uno.
¿Y quién es Uno? El que no ve dos. ¿Y quién es Uno? El que solo ve Uno. Uno es propósito y voluntad compartidos.
Uno no es un personaje ni un disfraz que dibuja con una tiza los límites entre lo que él y el otro deben representar para ser dos. Uno se ríe de todo ceño fruncido, de triángulos invertidos, de palabras que no suenan porque no dicen nada.
Uno es temible para dos porque puede ver en lo profundo de su corazón. Uno sabe de qué están hechos los muros que los separan y se ríe. Uno ve los muros que hacen que Uno sea dos y se ríe.
Uno es vida, dos muerte. Uno salva, dos arrastra. Uno es real, dos una ilusión. Dos quiere ser feliz olvidando que es Uno, y Uno se ríe. Dos quisiera ser feliz a costa de Uno, y Uno se ríe. Uno conoce y dos ignora. Dos llora injusticias que Uno desconoce, y Uno se ríe.
¿Es Uno el cínico? ¿Quién de ellos desea y no desea el conflicto al mismo tiempo? Uno mira a la derecha y no ve nada. Uno mira a la izquierda y no ve nada. Uno mira dentro y en su interior existe todo el universo.
Dos mira a la izquierda y ve a un enemigo. Dos mira a la derecha y ve a otro enemigo. Dos mira dentro y no ve nada. Uno es Amor, dos es miedo. ¿Quién es el cínico? ¿Uno o Dos?
Cuenta la leyenda que Dos despertó cuando recordó que era Uno.